EGIPTO EN LA SANGRE | Mente PRAXMA
EGIPTO EN LA SANGRE
La mayoría de los hombres mueren a los 25 y los entierran a los 75. ¿Por qué? Porque se quedaron en Egipto. Egipto no es un lugar físico; es ese sueldo seguro que odias pero que te mantiene encadenado, es la casa que pagas a 30 años mientras tu alma se pudre, es la familia que te exige ser "normal" para no avergonzarlos. En Egipto hay cebollas y ajos, hay comida asegurada, pero eres un esclavo.
El problema surge cuando cruzas el desierto y te das cuenta de que la libertad no es una hamaca, es un campo de batalla. Muchos salen de Egipto, pero Egipto nunca sale de ellos. Se quejan porque a otros "les va mejor" o porque "les tocó más fácil". Si estás mirando el plato del vecino mientras los gigantes te observan desde el monte, ya has perdido. La envidia es el refugio de los que no tienen el coraje de afilar su propia espada.
Hablemos de Caleb. El tipo no era un joven con suerte; era un veterano con cicatrices que quemaban. Mientras todo el pueblo temblaba en el desierto por el reporte de los espías cobardes, Caleb ya estaba midiendo la altura de los gigantes para saber dónde cortarles la cabeza.
A Caleb se le prometió un monte. Pero aquí está el veneno de la realidad: cuando llegó el momento de repartir las tierras, Caleb se dio cuenta de que lo suyo no estaba en un valle fértil y vacío. Su promesa estaba en Hebrón, el territorio de los hijos de Anac. Gigantes de tres metros con armaduras de bronce.
¿Qué hizo la masa? Se acomodó. Ya habían conquistado suficiente para otros, ya estaban cansados. Pero Caleb, a sus 85 años, con la misma fuerza que a los 40, no pidió que alguien peleara por él. No lloró porque Josué tuviera un camino diferente. Se paró frente al líder y reclamó: "Dame este monte".
Caleb entendía algo que tú, en tu tibieza, has olvidado: Haber peleado para otros no te hace un mártir, te hace un experto. Cada fracaso que has tenido, cada jefe idiota que has soportado, cada traición que te ha dejado solo, ha sido tu entrenamiento de combate. No desperdicies tu experiencia pidiendo permiso para descansar. Úsala para tomar la cumbre que nadie más se atreve a subir.
Te comparas con los demás y te sientes pequeño porque no tienes el "volumen" de sus empresas, de sus seguidores o de su ruido. Eres un imbécil. El valor no reside en la masa, reside en la densidad.
Una roca enorme de granito solo sirve para que la pisen en el camino. Un diamante, pequeño, frío y comprimido por toneladas de presión, puede cortar ese mismo granito. El diamante no destaca por su tamaño; destaca por su pureza, sus trazos de corte y su perfección. Tu vida ha sido una prensa hidráulica. Cada golpe, cada desprecio y cada noche que pasaste solo mientras los demás "estaban cómodos en Egipto" fue el proceso de tallado. No trates de ser una montaña de arena que el viento dispersa; conviértete en ese diamante letal que, aunque sea uno solo contra el mundo, tiene la dureza necesaria para no quebrarse ante la presión de los gigantes
Si crees en Dios tienes un respaldo grande. Bien. Pero si no crees, deja de usar eso como excusa para tu cobardía. El universo no tiene un espacio reservado para los "ateos mediocres" ni para los "creyentes tibios".
Si tienes un respaldo divino, actúa como si lo tuvieras. ¿A qué le tienes miedo si el Arquitecto del universo te firmó el título de propiedad? Y si no crees en nada, entonces solo te tienes a ti mismo, lo cual es razón suficiente para ser el ser más peligroso y eficiente sobre la tierra. No hay nada más patético que un hombre que no cree en Dios y tampoco cree en sí mismo; ese es un cadáver andante que solo consume oxígeno.
David no mató a Goliat porque fuera "bueno". Lo mató porque tuvo los huevos de hacer lo que el ejército entero de "creyentes" tenía miedo de hacer. Él no vio un gigante invencible; vio un blanco demasiado grande como para fallar. Cambia tu perspectiva o muere en la llanura.
Si eres joven y sientes que el desierto es eterno, escucha bien: el desierto es el filtro. El desierto elimina a los que todavía huelen a esclavitud. Cada paso que das en la soledad de tu proyecto, de tu estudio o de tu entrenamiento, te está alejando de la oveja que fuiste.
A Dios —y a la vida— le gustan los valientes. No porque la valentía sea un adorno moral, sino porque la valentía es la única moneda que compra la realidad. El miedo es una alucinación; el monte de Caleb es real, pero solo lo verás desde la cima si dejas de quejarte de que "a los demás les fue más fácil".
Deja de pedir un rincón en el valle de los esclavos. Deja de conformarte con el sueldo de Egipto. Caleb tomó su tierra solo con los suyos porque su carácter era superior al de toda la nación que lo rodeaba. No destaques por tu volumen. Destaca por tu calidad. Sé el diamante que corta el cristal de la mediocridad.
Mente PRAXMA
"Egipto te dio un techo, pero el desierto te dio un arma; si regresas por la comodidad, morirás siendo un esclavo con la barriga llena."
REFERENCIAS
* Josué 14:12: El reclamo de Caleb: "Dame, pues, ahora este monte...". La vejez no es excusa cuando el espíritu es de conquista.
* 1 Samuel 17: El caso David. La calidad de la estrategia y la audacia por encima del tamaño del enemigo.
* Mateo 7:14: La puerta estrecha. El camino que pocos hallan porque requiere dejar el equipaje de Egipto atrás.

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